dimarts, 10 / novembre / 2009

Lectura nómada de 'Hamlet'


Son finlandeses, viajan con los niños a cuestas y actúan en una yurta, la vivienda circular transportable de los pueblos nómadas de Asia central. Los actores de Quo Vadis llevan 25 años recorriendo el mundo con su extraño y cálido teatro íntimo, construido en madera por la poeta Markku Hoikkala, tapizado con alfombras de lana y amueblado con tres filas de gradas, donde toman asiento 60 espectadores. Bajo su techo cónico, todo está a la vista, todo al alcance de la mano. "Como tenemos al público tan cerca, nuestra actuación tiene que ser suave, para que nadie se sienta agredido", dice Otso Kautto, su director, desde el escenario, a un metro escaso de la segunda fila de asientos, antes de hacer una rápida demostración práctica de lo invasora que resulta una interpretación agresiva a distancia tan corta.

De joven, Kautto (Helsinki, 1962) dejó el equipo nacional de natación por la escena, donde siempre hizo lo que quiso. "Incluso en el Teatro Nacional, donde trabajo desde hace 15 años para sacar adelante esta compañía, más experimental, en la que tenemos siete espectáculos en repertorio". En el Círculo de Bellas Artes de Madrid han recalado con tres: Felicidad ártica, el infantil Salvaré a mamá, y una versión sintética de Hamlet, dirigida por la joven coreógrafa Nina Mamia, de la que mañana ofrecen función doble. Entre sus 16 intérpretes hay varios niños. "Cuando empezaron a nacer nuestros hijos, como no teníamos guardería, pensamos que lo mejor era sacarlos a escena. Así se fueron formando en la práctica y ahora están muy solicitados en cine y televisión".

Quo Vadis hace un trabajo muy físico, que recuerda el derivado del Odin Teatret y de la escuela de Grotowski. "Eso me dicen a menudo, pero jamás tuve contacto con ellos. Todo el teatro finlandés tiene una dimensión física y ritual natural, porque nuestras raíces son animistas y llevamos en la sangre el poso de los rituales chamánicos. El cristianismo no llegó a Finlandia hasta hace 250 años. Eso se ve en nuestra manera de beber: no bebemos por placer, sino para perder la cabeza, como los indios norteamericanos. Por eso tenemos índices de alcoholismo y de suicidio tan altos, y también por eso en nuestro teatro hay algo sacro".

Kautto equipara la labor del actor con la del chamán: "Al comerse un hongo mágico, el chamán inicia un viaje donde contacta con otras realidades, a costa de un riesgo personal que le lleva a bordear la locura. Luego, el resto de la tribu se bebe su orina, donde está el hongo diluido, en dosis inocuas. Los artistas también hacemos un viaje arriesgado en busca de otras realidades, para ofrecérselo al espectador". Lo cuenta en nuestra lengua, con cierta soltura: "Mi madre es profesora de español. Pasó su juventud en México y, de vuelta, escribió el primer método de enseñanza del castellano para finlandeses".

Quo Vadis hace Salvaré a mamá en siete idiomas, y una parte de Felicidad ártica lo hace en español. "Para que nos entiendan, allá donde vamos, incorporamos actores de algún grupo local cómplice. En Madrid, trabajamos siempre con los de la sala Réplika, cuyo trabajo empasta con el nuestro de manera natural, porque Jaroslaw Bielski, su director, está en sintonía con lo que hacemos. Hay pasajes de Felicidad ártica dichos en los dos idiomas simultáneamente, de manera que el finlandés se convierte en una música que complementa el sentido de la frase en castellano".

Hamlet. Círculo de Bellas Artes. Marqués de Casa Riera, 2. Hasta el día 12. Metro Banco. A las 19.00 y a las 21.00.

Fuente: Javier Vallejo (www.elpais.com)

dilluns, 9 / novembre / 2009

"Medea es una mujer en tránsito"


Tras pasar por los teatros de Lyon y de Estrasburgo, Jean-Louis Martinelli tomó hace siete años la dirección del Teatro de Nanterre-Amendiers, anclado en la avenida de Pablo Picasso de este antiguo barrio obrero de las afueras de París, pegado al distrito financiero de la ciudad. "Aquí me esfuerzo por dialogar en una relación norte-sur trabajando con autores de orígenes cosmopolitas, que son propios a la región parisina", explica. "Un espacio y un lugar de teatro es de alguna forma el arte de conjugar lo cercano con lo lejano".

Así lo hace con Medea, de Max Rouquette, que este fin de semana se muestra en el marco del Festival de Otoño de Madrid y que el director teatral imagina en un campo de refugiados africano. El espectáculo cuenta con una compañía de actores en su mayoría burkineses, liderada por Odile Sankara y Moussa Sanou. La escenografía es de Gilles Taschet y el vestuario de Patrick Dutertre, realizado en gran parte con técnicas tradicionales en Burkina Faso.

Pregunta. ¿Cómo surgió esta Medea africana?

Respuesta. El proyecto se remonta a hace tiempo. Me invitaron a ir a Bobo-Dioulasso, en Burkina Faso, para hacer una formación con jóvenes actores africanos. Fui con dos tipos de materiales para trabajar, unos textos sobre África y la Medea de Max Rouquette, que acababa de leer, recordando lo que habían dicho, entre otros, Pasolini, sobre el tratamiento hoy de la tragedia griega: que probablemente África era el único continente en el que se podía tener todavía acceso al sentido y al sentimiento de lo trágico. Y quería verificarlo con el texto de Medea.

P. ¿Y qué le ha convencido?

R. Hay varias cosas. En Europa occidental vivimos cada vez más bajo un cielo sin Dios. En África están animados por un verdadero sentimiento de religiosidad, cercano a la superstición. En el caso de Medea, está también la relación con la brujería, el poder oculto, y allí hay una creencia absoluta en aquello. Por otra parte, Medea se desarrolla con el telón de fondo de la guerra, del exilio de población, y África está atravesada por esos desplazamientos. La historia de Medea y Jasón es la de un exilio continuo. Y luego una razón, quizás más válida, es que tratar la cuestión del coro, esa asamblea colectiva, ahora mismo, en Europa, es casi imposible.

P. ¿A qué se refiere?

R. Estamos en sociedades totalmente individualizadas y el grupo no existe. Pero basta con ir a África para ver que la asamblea de las mujeres significa algo. Los hijos no están educados sólo por la madre y el padre, sino que se ocupa de ellos el conjunto de la comunidad. Entonces sí es posible representar el coro y hacer que a Medea le acompañe ese grupo de mujeres que cantan los salmos compuestos por el músico de origen congolés Ray Lema.

P. Justamente, Max Rouquette escribía en su prólogo que deseaba que un día un músico le diera forma a los salmos. ¿Es lo que ha hecho Ray Lema?

R. Sí, un poco. Lo que no imaginó Rouquette es que lo haría una compañía africana. Al principio se sorprendió, pero le gustó. Es decir, lo propio del teatro es ritualizar las relaciones humanas, transformar lo real en signos, y aquí muchos de estos signos vienen de la cultura africana. Pero más allá de esto, lo que me interesa no es hacer un espectáculo exótico sobre África. Es hablar sobre nuestra condición de occidentales, sobre las suertes que les reservamos a estas poblaciones en desplazamiento. El espacio aquí es casi un campo de retención, como se puede ver en el norte de África, en Melilla, por ejemplo. Medea es una mujer en tránsito, que vive en los confines de la gran ciudad.

P. ¿Por qué ha escogido el texto de Rouquette?

R. Es un poco una casualidad. Leí ese texto poco tiempo antes y tenía ganas de hacer algo con él. Y puede que me hablara bastante porque Rouquette le da algo más de humanidad. Es un mundo más rural, que conozco bien, porque nací ahí, en el sur de Francia. Me habla de esa infancia perdida, esos paisajes no alterados por la intervención del hombre. Pero podría haber sido perfectamente el texto de Eurípides.

P. ¿Y cuál fue su primera Medea?

R. La de Pier Paolo Pasolini, aunque sea del cine. No tengo grandes recuerdos del personaje de Medea en el teatro. Quizás luego, más tarde, la versión que hizo Deborah Warner. Pero la verdad es que no he visto muchas.

Fuente: Ana Teruel (www.elpais.com)

El Fígaro recupera su brillo


Es como jugar a las siete diferencias. Uno se coloca frente a la fachada del teatro Fígaro con dos fotos: una de su inauguración, en los años treinta, y otra de cómo estaba hace una década. En la primera, el Fígaro es un elegante ejemplo de racionalismo. En su fachada, un paño vertical de ladrillo visto juega con las líneas horizontales de tres grandes ventanales. Bajo la marquesina curva unas discretas luces iluminan la calle, y en lo alto hay un precioso cartel con vanguardista tipografía. Al pasar, la gente pensaría que estaba en Berlín o en Nueva York. Era una fachada limpia que miraba a un futuro luminoso.

En la foto de los noventa, el cartel del tejado ha desaparecido. A la fachada le ha crecido otro vertical, y bien feo, como de motel barato. También le ha salido una farola que cuelga sin sentido sobre la marquesina, donde se han sustituido las discretas luces por unos tremendos globos como de aplique de cuarto de baño.

La buena noticia es que el Fígaro actual se parece mucho más al de la foto de los años treinta. "Cuando lo compramos estaba hecho polvo, no entendías la arquitectura original de tantos pegotes como había", dice Antonio del Castillo, uno de los socios propietarios y el arquitecto que se encargó de devolver la dignidad al edificio. La restauración es una de sus aficiones, la otra, investigar la historia de los proyectos que ataca. Con el Fígaro se lo pasó pipa.

De entrada el Fígaro no se iba a llamar Fígaro y no iba a ser un teatro, sino un cine. El Cine Moderno: la primera sala de espectáculos proyectada según los principios del GATEPAC, el Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea. Básicamente: economía formal, asepsia higiénica, alegría en el diseño y democratización de una arquitectura asequible y sana para todos. Se fijaban en las formas funcionales de los barcos y aviones, y un cine era ideal para postular su fe en el futuro y la modernidad. Sin embargo, el dueño, Ildefonso Anabitarte -un pelotari casado con una cantante de zarzuela y propietario también del frontón de enfrente (que está siendo remodelado como hotel)- decidió convertirlo en cine-teatro. En la revista A.C., biblia del GATEPAC, parece que la concesión al pasado no sentó muy bien: "El Fígaro es teatro porque así lo decidió la propiedad cuando estaba avanzada la obra del local que había de llamarse Cine Moderno; es cine porque de cine es su trazado y para ese fin se proyectó, y se llama Fígaro porque lo han bautizado los hermanos Álvarez Quintero". El resultado del cambio fue un escenario enano "sólo apto para comedias y varietés" (según A.C.), que tras sucesivas reformas le ha ido ganando cachitos al patio de butacas.

Durante la guerra, el cine-teatro fue de la CNT, "lo que debió afinar la puntería de las bombas nacionales", según Del Castillo, "porque quedó destrozado". Se perdieron, por ejemplo, unos balconcillos redondos que daban al vestíbulo. Tanto éste, diáfano y bañado de luz natural, como la fachada, están protegidos. "Es de ley reconocer la ayuda del Consorcio de Rehabilitación de Teatros de Madrid para la restauración", dice el arquitecto-empresario, "aunque para casi todo lo demás, la Administración practique la competencia desleal con los teatros privados". No es mal momento, coincidiendo con el Festival de Otoño en las salas públicas, para acordarse de alguna privada, "donde si no pierdes dinero, vas bien", dice Del Castillo, también socio del Infanta Isabel y del Alcázar.

En el interior del Fígaro (apellidado Adolfo Marsillach cuando su hija Blanca se hacía cargo de la programación) siguen pagando que aquello fuese originalmente un cine. Desde muchas butacas del palco, pensadas para ver la pantalla, no se veía a los actores cuando se movían por el escenario. Solución: arrancar un par de filas. Por dentro, la sala, un pastiche de sucesivas reformas, no se parece demasiado al sueño racionalista. Quedan, sin embargo, un par de rincones intactos. En la sala de proyección duermen, rodeados de polvo, dos enormes proyectores, sobre los que hay una alcachofa de ducha, medida antiincendios de la época. Y en un despacho se conservan los poquísimos muebles art decó que sobrevivieron a la guerra y al olvido. "El mobiliario original era maravilloso y la idea es reponerlo", dice Del Castillo, "pero poquito a poco, según se vaya pudiendo".

Fuente: Patricia Gonsálvez (www.elpais.com)

dilluns, 2 / novembre / 2009

Mor l'actor José Luis López Vázquez als 87 anys


L'actor José Luis López Vázquez, protagonista de pel·lícules com El pisito o Mi querida señorita, ha mort avui al seu domicili madrileny a l'edat de 87 anys, després d'una llarga malaltia, han confirmat fonts pròximes a la família.

L'actor madrileny, nascut l'11 de març de 1922, ja feia temps que estava malalt, des del seu retorn al cine amb la pel·lícula ¿Y tú quién eres?, d'Antonio Mercero, rodada fa un parell d'anys.

Al llarg de la seva carrera ha rebut la Medalla d'Or de Belles Arts (1985), el Premio Nacional de Teatro 2002, el Goya d'Honor 2004, a més de la Medalla d'Or al Mèrit al Treball 1997 o la d'Or al Mèrit a la Belles Arts 2001.

Entre les seves pel·lícules destaquen títols com Plácido, El Verdugo, Peppermint Frappé, Atraco a las tres, La Prima Angélica i la trilogia de Patrimonio Nacional, de Berlanga, a més del gran èxit de televisió La Cabina, que va rebre el Premi Emmy el 1973.

Va debutar el 1940 al Teatre María Guerrero en l'obra El anticuario, de Suárez de Deza i Luis Escobar, i en el cine el 1946 a María Fernanda la Jerezana, d'Enrique Herreros.

Font: www.teatral.net

diumenge, 18 / octubre / 2009

EL CASAMENT D'EN TERREGADA


FITXA ARTÍSTICA

TEXT: JULI VALLMITJANA

ADAPTACIÓ: ALBERT MESTRES

DIRECCIÓ: JOAN CASTELLS

INTÈRPRETS: LAURA AUBERT, ELIES BARBERÀ, XAVIER CAPDET, EVA CARTAÑÀ, EUGÈNIA GONZÁLEZ, MÍRIAM ISCLA, ARNAU MARÍN, LAIA MARTÍ, XAVIE MESTRES EMILIÓ, DAVID ORTEGA, JACOB TORRES, NEUS UMBERT, TERESA URROZ, MANUEL VEIGA i ERNEST VILLEGAS.

PRODUCCIÓ: TEATRE NACIONAL DE CATALUNYA

SALA PETITA (TNC)


Preguntar-se si era necessari recuperar a Juli Vallmitjana potser sigui massa en una societat que recupera als seus clàssics per a no respectar-los, però potser aquesta vegada hagi massa respecte. El Teatre Nacional de Catalunya porta uns anys treien la pols a algunes obres, la temporada passada ens va sorprendre gratament amb La Dama de Reus d'Ambrosi Carrion, però no aquest cop.


El Casament d’en Terregada ens mostra el món marginal de principis de segle XX a Barcelona. Això és el punt de partida i el punt i final. No hi ha més. No hi ha una història, perquè la peça a la que dóna títol l’obra només dura 20 minuts i aquesta adaptació de l’Albert Mestres ha unit trossos d’obres de Vallmitjana d’aquí i d’allà intentant allargar el text però sense fixar-se massa en la forma, en si hi havia un recorregut dramàtic.


Sense argument, doncs, l’espectador s’enfonsa en una atmosfera de personatges foscos, de crits, de balls, de sexe, de recerca de plaer a qualsevol preu, de música i festa. Si el text no ajuda, els actors poc poden fer per salvar el muntatge. La més destacada, entre una més clara pobresa interpretativa, és Míriam Iscla, més acostumada a obres sense un perquè definit, que mínimament aconsegueix que el seu personatge tingui una mica de fons. La resta tan podien estar a l’escenari com entre bambolines, no notaríem pas la seva absència.


La cultura caló es mereix un muntatge més qualitat i no una simple barreja de mostrar allò que sempre acaba sortint a la llum. Malgrat que la part del monòleg que es marca el personatge interpretat, bastant histriònicament, per Ernest Villegas sigui la més memorable de tota la representació.

dissabte, 10 / octubre / 2009

"El teatro te hace sentir que las cosas son posibles"


"Estoy sorprendido, como viendo desde fuera lo que me está pasando: soñé con viajar, con tener un teatro, con que a la gente le gustara mi trabajo, pero que me esté pasando tan joven...". Pese a tanta sorpresa, el argentino Claudio Tolcachir es (a sus 32 años) actor, director, dramaturgo y profesor con una larga experiencia. Ha dado el salto a las grandes ligas con La omisión de la familia Coleman. Más que un montaje, todo un fenómeno: del piso en el que empezaron las representaciones a teatros y premios de todo el mundo.

Su desestructurada y disparatada familia llega por aclamación popular y por tercera vez a España. Anoche empezó en el Teatro Español de Madrid y terminará, tras una gira, en Barcelona en diciembre. Pero hay más. Estrena también en España su segundo montaje como dramaturgo: Tercer cuerpo. La historia de un esfuerzo absurdo: una obra con cinco personajes que no saben muy bien para qué levantarse por la mañana.

Parte del éxito quizá se deba a esa teoría suya de que el teatro aflora y resurge en momentos de crisis. Son etapas, cree, en las que se hace más difícil llevar a cabo proyectos de vida: "Y el teatro es realizable, te hace sentir que las cosas son posibles".

En el caso de este pelirrojo de mirada limpia, no hay que desdeñar la pequeña ayuda de los colaboradores. Ambos proyectos cuentan con repartos diferentes, pero se han puesto en pie con Timbre 4, una escuela de preparación y exhibición teatral, que Tolcachir dirige desde 1998. En realidad es una casa en la que caben 50 espectadores y a partir de mayo será un teatro de 200 butacas.

El proyecto le tiene excitado a Tolcachir. "Empecé muy chico, y me he dado cuenta de que pronto me han pasado muchas cosas malas..., pero eso te prepara para no creerte nada".

Aunque el dramaturgo ha fagocitado al actor, este año ha estrenado Mentiras piadosas, película de Diego Sabanés sobre La salud de los enfermos, de Julio Cortázar. "Es extraño interpretar", reconoce. "Porque es una liberación, una catarsis que no tienes cuando ejerces de director o de autor. Todo sea que al final tenga que ir a un psicoanalista, porque el actor libera muchas cosas, se descubre a sí mismo en cada personaje". Nunca se ha tumbado en un diván, y eso que sus obras destilan una suerte de viaje al interior de los comportamientos humanos desviados. Pero sin juzgarlos.

Fuente: Rosana Torres (www.elpais.com)

La Caldera presenta 'La festa' de Jordi Prat i Coll

La festa neix com experiment a partir de Party Time de Harold Pinter, del tercer acte de El hort dels cireres de Txèkhov, de bocins de Shakespeare, de Machado o de Buñuel, entre d’altres.

Ens trobem a una festa on la gent balla, riu, xerra, parla d’amors, de desamors, de les seves preocupacions, de la vida en general. Fins aquí tot normal, però el món no només és la festa, fora d’ella hi passen coses.

Amb un caràcter polític/poètic, La Festa ens mostra a un grup de persones que es rearma per a defensar, de qualsevol manera imaginable, les seves idees, els seus ideals.

Jordi Prat i Coll ha comparat el seu muntatge amb una escultura de Miquel Àngel, “on es veu més el marbre que no pas la figura humana, però la figura humana que s’hi endevina conté allò que seria el marbre si aquest s’hagués acabat de polir.”

Una trentena d’actors, Rosa Boladeras, Roger Coma, Marta Domingo, Ivan Labanda, Agnès Busquets o Ivan Morales, entre d’altres intercanviaran monòlegs de text i d’expressió corporal damunt de l’escenari aquest cap de setmana a La Caldera. El muntatge, que és va estrenar la setmana passada al Festival Temporada Alta, romandrà només tres dies a aquest espai experimental del Barri de Gràcia. L’entrada és gratuïta fins a completar l’aforament.

Font: www.teatral.net